Mare of Easttown - Una serie sobre cómo sanar
Esta semana terminó una de las miniseries que probablemente sea de las mejores del año, o si no el tiempo lo desmentirá. Y no sólo eso, si no que también es uno de los mejores papeles de Kate Winslet. Las arrugas, el desaliño y el tono dramático quizá puedan llevar a error y hacernos creer que sólo cuando una actriz o actor (recordemos los cambios de Matthew McConaughey en los últimos años) permite esa intromisión en su figura es digna de llamarse buena interpretación. Nada más lejos, Kate brilla por la credibilidad que demuestra su personaje, que nos hace adentrarnos en una vida que nos es ajena, por lo disímil que resulta a la típica estampa del sueño americano, y que, sin embargo, entendemos fácilmente, precisamente por su interpretación y la buena trama, que mezcla el thriller con el melodrama equilibrando cada parte hasta hacérnosla adictiva.
Más allá del interés del caso policiaco, que sirve de hilo conductor y que es bastante bueno, la serie encuentra en esa mezcla de géneros, más cercana siempre a los dramas familiares que a una aventura detectivesca, el verdadero catalizador de la trama y el pegamento que permite contextualizar una realidad que de tratarse de otra manera no pasaría de ser otra de policías al uso.
Y es que, Mare of Easttown, no te engañes, trata sobre las relaciones personales, la superación del dolor, de los traumas y de esas mochilas que todos cargamos a nuestras espaldas. Es ahí donde su sutileza nos conmueve, a la vez que nos hace entender por qué es tan importante solucionar el caso en una ciudad que se sobrevive a ella misma con dificultad como para dejar, además, cabos sueltos en un asesinato. Cada personaje , con su mochila de desesperación a la espalda, trata de sobrevivir en un entorno que se nos dibuja hostil, oscuro y sin futuro y esto no es baladí. Esa hostilidad contextualiza una realidad que, ahí sí, entendemos mas cercana que si la trama se desarrollara entorno a un Sanax y una piscina, aunque esta estampa nos suene más por lo repetitiva. Una serie que dibuja a verdaderas «Mujeres desesperadas» luchando solas por incapacidad propia. Porque nadie les ha explicado nunca que hay mochilas tan pesadas que, o se sostienen entre dos, o no se consigue echar a caminar.
Aun cuando en la actualidad estamos viendo una deriva sentimentaloide en la educación, donde la lucha entre derechos y deberes a devenido en una infantilización de la sociedad, donde los deberes parecen haber desaparecido en pos de la libertad, seguimos sin ser capaces de enseñar esas pequeñas píldoras de verdad que servirían para superar los traumas más cotidianos. Desde los más luctuosos hasta los más insignificantes, pero que nos afectan a tantos niveles. Es ahí donde esta serie refleja esa verdad. La incapacidad de seguir adelante sin dejar algún muerto en el camino: una amistad rota, la relación con tu madre o con aquel amor de tu vida que resulto más dañino que todo lo demás que te haya ocurrido. Causas que desembocan en desastres y que por no ser capaces de enfrentarnos a ellas terminan enquistandonos en un sobrevivir sin mucha dirección.
Es de eso de lo que trata esta serie, de la verdad de nuestras vidas, y por ello, como suele suceder con las grandes obras, se convertirá en todo un clásico atemporal, tan atemporal como nuestra incapacidad de perdonarnos.