Reventando el sistema digital

Llevo veinte minutos reportando anuncios en Instagram, algunos porque los veo demasiado a menudo, la mayoría por ser irrelevantes. No pongo que son ofensivos porque supondría un esfuerzo extra de explicación y de recorrer menús que intentan comprender por qué me parece ofensivo un anuncio en el que no sale ningún pezón. Supongo que gran parte del bombardeo es debido a que ayer se escuchó en casa la música indebida (para que algunos todavía no se crean que nos espían).

La cuestión es que, después de cansarme en un quehacer inútil e infructuoso como este, he tenido una idea revolucionaria. Vaya, no es mi mejor idea y de hecho el concepto ya está inventado, pero… ¿A quien le amarga una ataque cibernético?

Nos han vendido la moto del marketing. Se supone que quien vende algo es porque ha contado mejor la historia y no porque el producto se lo merezca. Es un concepto tan triste y tan mediocre, que de ser verdad sólo merecemos que se nos rompa lo que hayamos comprado en cuanto lo saquemos de la caja.

Llevo una temporada intentando entender que es eso del Storytelling, a ver si es que me he perdido algo en mi intento de vender mi novela, pero sólo he llegado a que hay que explicar las cosas para que alguien te escuche. Un concepto también muy revolucionario, que se lo deberían haber explicado a algunos divorciados, que quizá no habían caído en cuenta. 

El concepto Narrativa es otro de los damnificados del Digital marketing. Posiblemente a día de hoy la narrativa se encuentre en una casa de reposo en alguna montaña suiza, respirando aire limpio e intentando entender sus problemas de personalidad múltiple. Con lo feliz que ella era cuando hacía referencia a novelas y cuentos. Y es que, gente que apenas sabe enlazar dos frases con coherencia sin hacer esos absurdos cortes en el video que tan de moda están, nos intentan explicar lo importante que es contar las cosas en orden y con cierto interés. Y gente que apenas sabe enlazar dos frases con coherencia sin hacer esos absurdos cortes en el video que tan de moda están, pagan por minicursos sobre como enlazar dos frases con coherencia haciendo esos absurdos cortes en el video que tan de moda están.    

Quizá es que yo no soy una buena diana para este tema, pero no recuerdo haber comprado nada después de que apareciera su anuncio en alguna web o red social. Mi proceso de compra supone un análisis pormenorizado de las ventajas e inconvenientes del producto, comparación con la competencia, reflexión sobre su necesidad real y noches de insomnio emocionado por su pronta llegada, punto en el cual procedo a sacarlo del carrito de compra exorcizando así mi sentido de culpa y mis remordimientos ante la posibilidad de comprar algo que quizá no sea tan necesario como yo mismo me he convencido durante los dos meses anteriores. Al fin y al cabo, ¿Quien ha dicho que debamos llevar ropa interior? Nuestras madres nos decían que estuviera limpia por si teníamos un accidente, nunca mencionaron nada sobre ir en plan comando.

Para los libros… quizá me salte alguno de los pasos. Uso el botón de 1-click.

A lo que iba, saltándome el Storytelling y la narrativa de un buen post, es que deberíamos entrar en todos los anuncios que nos llegan. A todos. Entrar y cerrar, entrar y cerrar, hasta que los anunciantes se den cuenta de que les sale demasiado caro anunciarse y empiecen a trabajar más sobre la calidad del producto. Arrasemos el sistema con sus propias armas. Bombardeemos a los anunciantes hasta que el sistema sea tan poco lucrativo que no merezca la pena. Luchemos por dejar de ser productos en el universo del marketing digital e impongamos el boca a boca como único y sagrado criterio democrático de conquista de la reputación y de las ventas. Y basta ya de clickbaits y de basura digital. 

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