Frivolidad ecológica
En ese proceso tan intimo de levantar la voz, de luchar por las creencias y ayudar en algo al mundo, he de reconocer que estoy tomando una iniciativa más bien tibia. Quizá por miedo a meter la pata por falta de conocimiento, nunca por miedo a las consecuencias, me siento abocado a tocar los temas con la sutileza que mi inseguridad me permite. Meses atrás, con una latinoamericana en revolución en Chile y aquí en Colombia, no podía dejar de pensar que allí donde el neoliberalismo se inició como un experimento macabro, no estaría de más que también terminara. La falta de visión global quizá haga extrañar a alguien si digo que una de las primeras consecuencias del alzamiento de pinochet fue la desertificación de vastas regiones agrícolas, abocadas a la catástrofe por no poder acceder al agua para el riego. La privatización del agua, que parece un mal absurdo que nadie permitiría, está más establecida de lo que muchos piensan. En España, sin ir más lejos, el 50% de los municipios ya tienen la gestión del agua en manos privadas. Pero claro está que para el silencioso zigzagueo que nos ha llevado hasta aquí no es bueno tener este tipo de noticias en portada. Cuando se habla de ecologismo se suele terminar hablando de ciertos lugares comunes, más trillados que reales. Por eso hoy vengo a hablar de una de esas exquisitas frivolidades, que desde mi humilde opinión, resume uno de los grandes problemas globales: consumo, deslocalización, moda y más consumo. La compra compulsiva de ropa es posiblemente uno de las distracciones más extendidas que existen en la actualidad. Lo que quizá no muchos sepan es que la producción de un pantalón vaquero, jean o denim, como quieras denominarlo, supone en total un consumo de 10.000 litros de agua. Visto así tu armario no se ve tan bonito. Si este dato lo multiplicamos por la cantidad de pantalones que cada uno tiene en su armario y en el rápido recambio al que la cambiante moda obliga, nos damos de bruces con una realidad dolorosa. Puedes acortar tus duchas todo lo que quieras que, como no dejes de consumir, el gasto hídrico va a ser inasumible por nuestro planeta en muy poco tiempo. Cuando decides salir de la rueda de consumo se abren nuevas puertas que te dejan ver que el cambio es posible y que poco tienen que ver con restringirse o vivir en las cavernas. No es necesario volverse un tacaño social para poder contribuir al bienestar del planeta. Opciones es lo que hay, desde prendas de segunda mano a reciclaje industrial. Ya existen marcas que venden, al igual que hacen las empresas de electrónica, ropa reacondicionada. También hay oferta de ropa orgánica y con tratamientos químicos mínimos. Ropa con certificado de poca agua usada y en definitiva ropa alternativa al mercado “main stream”. Es tu decisión como vistes, pero nos afecta a todos. Un solo gesto puede tener tremendas repercusiones, comprar productos nacionales. Ayudarás a la industria local y evitarás el transporte contaminante desde el otro lado del planeta. De este modo, hace tiempo decidí restringir mi compra de ropa a productos selectos y duraderos. Nacionales en lo posible y ecológicos si así podía. Camisas nacionales y pantalones raw, así me veras, por que así lo decidí. Lo bueno del uso responsable de las compras es que al final siempre vistes tu ropa favorita. Cosa que no ocurre cuando el armario te da para cambiar de ropa durante tres meses sin repetir.