Esclavos
Iba yo el otro día por una de las zonas más céntricas de la ciudad ocupado en mis asuntos de carácter burocrático y por tanto aburrido, cuando observé a un grupo de hombres que me hicieron reflexionar sobre algo que no deja de ser la reflexión más profunda que se me ocurre. ¿Qué estamos haciendo aquí? Día tras día la gente va a su trabajo y se escapa a tomar café en cuanto tiene la menor oportunidad. Barrios completos de oficinas donde el bullicio nos habla de un aburrimiento monótono, donde las excusas se convierten en la esencia del día a día. La gente languidece gastando el dinero que gana aburridamente en cosas que cree necesitar y al final, lo único que saca de ellas es la conversación en la que orgullosamente se lo cuenta a sus amigos, los cuales a su vez, están pensando en sus propios deseos y en gastar su parte del pastel consumista. Nos gusta viajar, pero a resorts que tengan las mismas comodidades que tenemos en nuestra casa, encerrados en cuatro vallas que hagan de nuestra parcela a pie de mar el lugar seguro del que poder alardear a la vuelta de las vacaciones. Nos gustan los restaurantes exóticos, pero no probar lo nuevo con lo que nos pueden sorprender en casa. Gastamos tiempo y dinero en buscar respuestas y parece claro que no están en ningún centro comercial. Y cada vez hacemos más cosas. Nos apuntamos al gimnasio al que subimos en ascensor. Aprendemos danza para luego sentarnos a ver la tele. Somos expertos en futbol pero no nos importa que nuestras propias finales se jueguen en el extranjero. Compramos las ideas de fuera, pero nunca apoyamos a los de dentro. Dicen los viajeros experimentados que cuando pasas de una zona muy pobre a otra con más comodidades la gente empieza a mirarte peor y la ayuda prestada al viajero suele ser más restringida. Quizá la alegría y la hospitalidad sean otras de las cosas de las que nos gustan hablar pero se nos han olvidado practicar. Quizá simplemente somos esclavos de nuestros deseos, pero no somos capaces de entender como conseguirlos de verdad y vamos saltando de compra en compra esperando llegar a la meta sin plantearnos cual es el camino. Supongo que sólo los que piensan en cual es la meta real de sus vidas son capaces de buscar el camino correcto, el resto… giramos en una rueda para ratones esperando que por arte de magia el destino llegue a nosotros sin que nos enteremos.