Vidas paralelas I

Hay veces en la vida que te cruzas con gente especial. Suele ser gente corriente, de la que se debe mirar dos veces para ver, pero que una vez la observas dejará de ser corriente para toda la vida. La gente se cruza con uno sin previo aviso y, quizá por eso, muchas veces nos perdemos el espectáculo. Sólo el ojo agudo de un observador experimentado te permitirá no perderte la oportunidad de cambiar tu vida a través de la energía que emanan esos cruces de personas.

No es necesario que se mantengan mucho tiempo en tu camino. En ocasiones las vidas son tan paralelas que el cruce solo ocurre una vez, imposible de volver a ocurrir por mucho que creas que los caminos que se separan, por lógica deberían volver a unirse. No, eso quizá no pase, y si no la viste en el primer cruce te quedarás sin su presencia de por vida. No debemos subestimar la fuerza de la atracción. Dos lineas paralelas pueden tocarse en un infinitesimal segundo sólo atraídas por la necesidad de conocerse y tras de este encuentro seguirán fluyendo como el agua en un riachuelo.

Hay gente tan maravillosa que por unos segundos de ella en tu vida se debería pagar dinero. Tan sutiles como profundos, esos encuentros te cambian para siempre, sabiendo que te hicieron más sabio, más atento, más despierto, más feliz. Sin entender porqué, si en un segundo infinitesimal no es posible apreender tanto. Si su sonrisa se borró de tu recuerdo antes de que el roce se enfriara. Pero eso no importa, no era de tiempo de lo que estaba compuesta vuestra relación. Eran segundos, fracciones en una vida. Pero tan importantes que nunca serás el mismo.

Hay gente que te enseña a mirar, otra gente te mira y enseña que tu también vales la pena. Hay gente maravillosa en cada esquina y quizá si miras por un segundo infinitesimal podrás no perderte aquella que a ti te cambie. No toda la gente maravillosa cambia a todo el mundo. Cada uno tenemos nuestro propio segundo con nuestro propio roce.

Nunca llegan antes de tiempo, ni después de ser necesarias. Como un reloj, así funciona la magia. Y como un reloj, que inexorablemente nos indica que nada es permanente, nuestro encuentro se ira. No importa. Lo importante ya pasó. Sean veinte años o toda una vida, ya te cambiaron para siempre. Y ahora, tú solo solamente, deberás seguir sin su compañía.