Blog embargado hasta la 00:30

Una plaga de langostas o un ataque ovni, pocas opciones más teníamos este último domingo de enero para especular sobre cual sería la primicia que nos aguardaba en la portada embargada del diario El mundo. Después de un año de pandemia, la nevada del siglo por obra y gracia de Filomena, los terremotos en el sur de la península e incluso la llegada descafeinada de un asteroide que pretendía borrarnos de la faz de la tierra y ahorrarlos así la cuarta ola, pero que se quedo en pura anécdota, ¿qué otra cosa cabría esperar de este 2021 que ha despertado con las ganas de joder de un repetidor de segundo de B.U.P.?

Tendré que reconocer que yo fui uno de los que se quedó hasta las 00:30 refrescando la pagina del diario. Con la ventaja del cambio horario que no me hizo trasnochar y con la esperanza velada de que la noticia llegara a ser una buena por fin. No fue a así. Ni buena, ni mal. Y para mi gusto, ni siquiera noticia (que me perdonen los futboleros). A estas alturas de saturación mediática, el hecho de que un señor que trabaja en pantalón corto (muchos también lo hacemos gracias a la pandemia) dando patadas a un balón, cobre lo que podría solucionar la situación de la hotelería en el país, parece difícil que se merezca tal revuelo. Ni que fuera la primera vez que se habla de fichajes o contratos desorbitados.

Entiendo entre lineas que la forma de presentar la noticia tiene más que ver con los problemas económicos del periódico que con los del propio equipo de futbol que suplicante y de rodillas aceptó semejante despropósito. Es lo único qu se me ocurre para entender que se le puede pasar por la cabeza a un director de periódico serio para llevar a cabo tal patochada.

A pesar de todo ello reconozco mi decepción a dos niveles:

1. A nivel periodístico, en el cual no volveré a creerme una sola palabra del que desde ya mismo considero una basura de periódico.

2. A nivel futbolísticos, en el cual desde ya mismo Messi ha perdido mis afectos y ya forma parte, en la neurona que reservo para el deporte, de esa caterva de deportistas más preocupados del dinero que del deporte o de sus fans y en los que la falta de educación los asimila, al igual que ocurre con los políticos, a parte del problema y nunca a la solución, en un país que todavía lucha por saber si es aceptable vivir en Andorra o en Suiza y vestir la camiseta nacional y en el que los nacionalismos y patrioterismos no son capaces de dejar ver el bosque.

Seguramente muchos de los que lean estas lineas, incluidos los repetidores de B.U.P., recuerdan nombres como Claudia Schiffer, Cindy Crawford o Naomi Campbell. Muchas portadas y muchas paginas llenaron aquel grupo de diosas llegadas a nosotros para deleitarnos con sus curvas y sus sonrisas de niñas buenas. Eso fue antes de que los diseñadores de moda se hartaran de que los maniquíes fueran más importantes que las propias colecciones y decidieran acabar para siempre con su supremacia sobre la pasarela. La era de las supermodelos acabó como acaba lo que incomoda. Sin ruido, sin dejar ver las heridas, dejando que se diluyesen en el tiempo y dando paso a una nueva realidad que para muchos ni siquiera a supuso cambios. Para el quinceañero que le siga cogiendo a escondidas la Vogue a su hermana mayor, lo mismo debe valer Naomi, Claudia o Pepita Pérez. 

Y es que, la moda (y el onanismo) seguirá existiendo, al igual que el fútbol, y quizá solamente deban dejar de existir los superfutbolistas y así, por fin, nos  podamos fijar en el juego.