Feliz día del libro confinado
Hace 4 años, en mi penúltima visita a España, tuve una sensación extraña de desamparo ante la evolución, involución quizá, que se observaba en las calles de mi quería Salamanca. Eso que ahora llaman gentrificación y que se había consumado en las calles pedregosas del centro de la ciudad en forma de cadenas desalmadas de comercios inutiles. Los nuevos templos a la banalidad y futilidad. Una colección de objetos baratos envueltos en grandes letras de neón. Evidentemente, estos establecimientos ocupaban el lugar que tiempo atrás habían sido sede de comercios familiares, con historia, con amor impregnado en sus paredes y con la diversidad que ostentan los objetos que no se producen en masa allende los mares.
Hace un año, llegué a Salamanca temeroso de que esta gentrificación hubiera convertido el ya populoso centro urbano en un aumento centro comercial, donde no hubiera sitio para más que cadenas de ropa. Sin embargo, un rayito de esperanza se abrió entre las nubes y con júbilo pude conocer las nuevas y exitosas librerías que habían venido a llenar el espacio dejado por otras añoradas. Un nuevo lugar para el renacer de la cultura que sabedoras del difícil trabajo que tienen por delante no han escatimado esfuerzo en convertirse, no sólo en lugares de venta, si no que claramente han apostado por ser el centro de la vida cultural de jóvenes y no tan jóvenes. Difícil tarea en la ciudad de la universidad más antigua de España. Allí se celebran reuniones, debates y presentaciones de libros que ya hubiera querido yo vivir en mis épocas charras. Decía John Lennon aquello de que “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. Y esta pandemia no hace si no corroborar esa afirmación como una losa que aplasta nuestros cuerpos.
Está claro que son muchos los afectados y los pequeños comercios son un caso paradigmático. Entre ellos estas pequeñas librerías que ya lo tenían difícil antes de que el mundo se paralizase y que tendrán suerte si no sucumben a los envites del virus. Entre ellas le tengo especial afecto a Letras corsarias (Rector Lucena, 1 y Plaza de San Boal. Salamanca, 923 216 704) por donde me pase varias veces en mi viaje del año pasado y donde compré libros que siempre tengo cerca y que llevo en el corazón, alguno de ellos que tengo sobre es escritorio y reviso a diario en busca de inspiración y también alguno con dedicatoria incluida del autor, como el que dedicó mi amiga María Simavilla a mi hija y que adorna estas letras.
En estos momento de crisis creo que cada cual tiene que pensar que le gustaría salvar para poderlo disfrutar más adelante y para mí, sin duda alguna, las librerías sería una de ellas. No conozco a los dueños, más allá de haber sido atendido por ellos, y esta entrada no tiene ningún tipo de patrocinio. Es más, si conoces otras librerías que estén haciendo lo mismo te animo a que lo anuncies en los comentarios. En todo caso, yo he decidido ayudar a esta pequeña gran librería comprando un bono de regalo por el día del libro y espero que muchos otros lectores se animen a realizar este tipo de compra en diferido que sin duda ayudará a asegurar un futuro para estos negocios. [https://letrascorsarias.com/tienda/tarjetas-regalo/tarjeta-regalo-dia-del-libro/] Como no creo poder usarlo en mucho tiempo, quizá tenga que regalarlo. Estad atentos a estas páginas.