Zero waste - parte 1

Esta semana he dado un pasito más en mis propósitos ecológicos. Realmente esta es una carrera en la que todos participamos y no importa el puesto en el que quedemos, pero es muy importante que todos demos unos cuantos pasos. No es necesario que todos seamos Usain Bolt, pero sí que no nos durmamos en la línea de salida.

Entre los elementos que más plástico producen en nuestro día a día están todos los elementos de aseo. Muchas veces empaquetados en diversas capas de plástico y cartón. A día de hoy no cabe en la cabeza de muchas personas que una pasta de dientes venga en una caja de cartón cuando su envase es ya de por sí robusto. Aun así, también habría que hablar de esos envases de varias capas de plástico para que la pasta salga con nuestras queridas rayas rojas o azules, un aderezo estético totalmente eludible.

Teniendo en cuenta estas cuestiones decidí probar los famosos cepillos de dientes de bambú, que en vez de contaminar con una pieza de plástico enorme, sólo dejan de resido plástico las cerdas, con lo cual nosotros conseguimos serlo menos. Junto a mi cepillo aproveché para agenciarme una pasta ecológica que viene en un bote de vidrio, al igual que un lavavajillas, sin parabenos ni ninguna otra sustancia nociva para la salud y el medio ambiente. Son pequeños pasos en la carrera, pero qué esperemos se sumen con otros muchos por parte de todos.

Al recibir el cepillo, liso, estrecho, sin adornos, no pude pensar si los pasitos de la carrera podrían ser otros más sencillos o si la carrera la podíamos haber empezado hace toda una vida. Me resultó cómico comprobar que el dichoso cepillo ecológico, más allá de estar fabricado en una madera biodegradable, tiene como principal beneficio el uso de escasa materia en su fabricación. Similar, por no decir calcado, a los cepillos que todos nosotros usábamos de pequeños. Aquellos translucidos que nos llevaban los de cierta marca al colegio para darnos clases de aseo dental. Eran cepillos sencillos, rectos, delgados, con un mango escaso pero suficiente para el uso diario. Pero en algún momento de las últimas décadas nos volvimos demasiado idiotas y, de repente, el mango, estrecho, recto y sencillo nos empezó a hacer daño en nuestras delicadas manos y no hizo falta mucho esfuerzo por parte de la industria para meternos en la boca sus cepillos ergonómicos con agarre de goma, doble densidad para evitar la fatiga y el túnel carpiano y cinco tipos de cerdas para asegurar una limpieza épica, que sin embargo no son capaces de asegurar un aguante mayor al mes, momento en el que las cerdas están pidiendo cambio con la mano en alto cual luchador de Pressing catch.

No puedo dejar de pensar que quizá no sea necesario dejar de usar plásticos tan drásticamente (Aunque está totalmente recomendado) y que todo depende de hacer un uso responsable y un consumo lógico. Quizá simplemente mejoraríamos las cosas sí volviéramos a usar la cabeza para diseñar objetos que no parezcan casados de la utilería de Star Wars y que no representen tres veces más de residuos de lo que representaba el mismo objeto veinte años atrás.