Sin género de dudas

Tras el tiempo transcurrido desde que terminé la universidad y echando atrás la mirada, he de reconocer que recuerdo lo mismo de las clases, que de los profesores que me las dieron: a penas me suenan sus caras y de muchos ni siquiera soy consciente de conocerlos. Claro está que en su momento, esos conocimientos me permitieron profundizar en mi campo, pero no deja de ser menos cierto, que los mismos los podría haber obtenido de otras maneras y no cambiarían un ápice mis competencias actuales.

Pero si hay algo que no creo haber podido aprender (o aprehender) de ninguna otra manera son las vivencias personales. Veinte años después, sigo recordando muchas de las reunión vividas con gente de lo más variopinto y, ahora más que nunca, creo firmemente que fue esa riqueza social la que forjó una personalidad única y diferenciada. Con nostalgia recuerdo aquellas noches interminables de charla y cháchara, de cantos a capela a pie de catedral y de recepciones robadas con canapés con aroma a Jabugo. Anduve con mucha gente, de todo tipo y condición, grupos más memorables y otros menos, pero supongo que todos ellos dejaron su poso. Sim embargo, al encontrarme frente a estas lineas no puedo dejar de pensar cómo de importante fue un grupo en concreto, más allá de que me apoyaran en momentos terribles, su valía, frente a los demás fue su heterogeneidad. Gente venida de toda España, que en muchos casos llegaron a estudiar una segunda carrera, buscar trabajo o ambas cosas. Gente con la cabeza muy bien amueblada y sobretodo, como estaba diciendo, de lo más variopinto en gustos y sentimientos, unidos simplemente por la amistad y el gusto musical.

Estas navidades me han servido para comprender que no todo el mundo ha tenido esa suerte. La suerte de crecer interiormente impulsados por gente real que haya puesto ante tus ojos las mil y una formas de vivir que caben en nuestras vidas. Quizá por ello no alcanzo a entender que se haya hecho befa y mofa de la participación de Miss España en el certamen de Miss universo. Y quizá por esa personalidad esculpida por años de amistad con todo tipo de personas, no pueda por menos que ocupar estas lineas para intentar expresar lo preocupante que es, sobretodo en estos días de extremismos, que todavía haya gente que piense de formas tan retrogradas.

¿Cómo detectar a un retrogrado contumaz? La respuesta es muy sencilla, es aquel que se pregunta por qué a Miss España le han permitido participar en un certamen de mujeres. La respuesta es aun más sencilla, porque es una mujer. No hay vuelta de hoja y quizá los que deberían argumentar sobre esta afirmación son los que están en contra, y no los que estamos a favor. Igual que hacen los terraplanistas, dejémosles que se expriman el coco para demostrar sus ideas, a ver sí de tanto pensar evolucionan un poco.

Aún así uno de los argumentos que más me ha dado vueltas en la cabeza es la excusa genética. “Me extraña araña que tú, siendo genetista, no entiendas que sus cromosomas dictan que es un hombre”… Mal Vamos cuando hay que sacar la genética para demostrar algo. Si algo nos enseñó el siglo XX es que ese camino ya está trillado y que quien lo transita suele caer un un profundo socavón. En el de la discriminación, no a ese grupo que percibe como diferente, si no de la gente más allegada, de esos que pretende defender de esa otra sociedad. Nadie estará a salvo si vamos por ahí.

Ni todos los hombres son XY, ni todas las mujeres XX. Ejemplos nos da la naturaleza. No es mujer quién tiene dos X, pues qué sería entonces de las mujeres con síndrome de Turner (X0) o de las super hembras (XXX). O, ¿qué debería ser un XXY (Síndrome de Klinefelter)? Tener un Y nos permite ser hombres, pero la composición final de nuestro genoma no nos define en absoluto. Si a esto le sumamos nuestra similitud génica con nuestros hermanos chimpancés, ¿dónde queda la raya que determina si somos, ya no sólo hombres o mujeres, si no humanos?

Ojo con pensar que tu genoma te determina, pues entonces caeremos en la trampa de discriminar a todo aquel que no tenga todas y cada una de las piezas que lo componen y en su número exacto; y ante esta tesitura, pronto dejaremos fuera de la sociedad a muchos más de los que puedes imaginar. Hay genes que solo los tienen la mitad de la población, ya no hablo de diversidad intragénica, hablo de presencia de partes del genoma.

Ojo con pensar que todos debemos tener el mismo genoma para definirnos como tal o como cuál, por que ya hubo quien quiso limpiar y nada bueno salió de ahí.

Ojo, no vaya a ser que te enfermes y descubras que no sólo estás próximo a la muerte, si no que ya no perteneces a la clase con el genoma limpio y ordenado. Que tu propia enfermedad te ha hecho menos humano.