No me toquéis la lengua para vuestras guerras

En una de mis clases discutimos si es licito seguir usando avances científicos realizados por los nazis y que fueron experimentados en condiciones antiéticas. Medicamentos cuyos beneficios y utilidades requirieron como conejillos de indias a personas privadas de su libertad como en el caso de la Sulfamida. Es más, podemos discutir si es adecuado que empresas que crecieron y se enriquecieron en aquellas circunstancias deberían existir en la actualidad. Todos los que en algún momento hemos consumido algún medicamento de Bayer, por poner un ejemplo, deberíamos plantearnos estas preguntas. Es difícil encontrar una solución sencilla y las personas beneficiadas por los medicamentos comercializados por este tipo de empresas no creo que estuvieran muy a gusto con una decisión contraria a su salud. Quiero decir con esto que un resultado proveniente de unas circunstancias inadecuadas no se puede eliminar sin más, ya que la decisión presenta un dilema ético de difícil solución.

El día de ayer estaba discutiendo sobre el lenguaje incluso con unos amigos y sinceramente creo que hay una manipulación clara del asunto en las redes sociales. Como suele ocurrir, pocos hacen mucho ruido y otros sólo replican lo escuchado. Unos a favor y otros en contra, pero casi todos hablamos sin una reflexión personal. El idioma evoluciona con la gente y, hasta donde yo sé, no ocurre al contrario. No hay posibilidad de imponer cambios en el lenguaje y esperar que de la noche a la mañana esos cambios tengan un reflejo en la sociedad (prohibamos la palabra guerra, a ver si funciona). Pero muy al contrario, los cambios de la sociedad pronto encuentras grietas por las que introducirse en el lenguaje. De ahí que por mucho que nos duela se hagan colado en el diccionario las almóndigas, toballas y demás indeseables incorrecciones debido al uso continuado por parte de un sector de la sociedad. La sociedad no va a cambiar por usar la e, ni siquiera los que la usen demuestran con ello ser más igualitarios. Esta lucha es cosmética e infructuosa y no me puedes ni hacer cambiar mi forma de hablar y mucho menos creer que soy o no soy igualitario por no querer cambiar mi idioma.

El castellano es una lengua muy rica, con muchas formas de expresarse y que incluye entre sus capacidades el uso inclusivo que tanto se está reivindicando. Masculino inclusivo, femenino exclusivo. Así es, y así a sido mucho antes de que nadie se quejara. Una pregunta clara aquí es cómo una @ puede ser inclusiva de nada si ni siquiera se puede pronunciar. Lo mismo ocurre con otros inventos que no sirven para comunicarnos. La lengua es un vehículo de comunicación, cada vez que se le ponen trabas pierde su capacidad y por tanto su sentido. Como por ejemplo con la repeticiones exacerbadas que vosotros y vosotras conocéis. No ayudan a la comunicación y por tanto hacen perder el fin último del lenguaje que pretenden enriquecer.

La inclusión de géneros no binarios es otro de los caballos de esta batalla y sinceramente, creo que *ustedes* encontrarán distintas formas para referirse a *quienes* pidan respeto independientemente de genero y sexo. El lenguaje neutro no deja menos heridos en el camino y ya adelanto que quien se refiera a mi persona como eso o esto, puede llevarse un buen puntapié en su bocaza neutral. La neutralidad en español tiene connotaciones negativas, de modo que no es adecuada para el problema que nos atañe.

Tras pensar un poco en todo esto, somos capaces de percibir el tufo a rédito político y a ganas de arremeter contra la historia. Tal como contaba al principio, la historia de la lengua no puede ser la atacada. Que la forma inclusiva coincida con la masculina, no es casual, es una clara herencia del pasado machista y patriarcal, pero funcionar, funciona. En nuestras manos está hacer buen uso de ese lenguaje inclusivo heredado o destruirlo a base de patadas al diccionario. Tener ya un lenguaje inclusivo y querer cambiarlo por unos cuantos votos o por notoriedad es mezquino.

La desigualdad se ataja con actos, no con palabras. Las palabras son el medio, no el fin y quién discrimina lo hará igual con @ que con e. Yo no soy una persone y si tanto os preocupa la libertad y el respeto, respetad el idioma ya que es la única herramienta que tenemos para entendernos. Si lo destruimos a él, destruimos nuestra herramienta de debate y difícilmente podremos llegar a ningún acuerdo. En el rigor del uso de la lengua no hay discriminación alguna. Ojalá alguno día podamos contar con nuestro bello idioma como se superó la desigualdad. Mientras tanto, no lo discriminéis a él… o a ella, nuestro idioma… nuestra lengua.