Una educación

La semana pasada volvió a hacerse viral una carta publicada ya hacer un par de años por el entonces profesor universitario uruguayo Leonardo Haberkorn. En ella se despedía de su puesto de profesor alegando no poder aguantar más la situación con los estudiantes. Sin embargo, no faltaron enseguida los que pusieron en tela de juicio la calidad del profesor protegiendo, sin ninguna razón fundada, a los pobres estudiantes. Esto ya lo hemos oido muchas veces. ¿Cuántas han sido las noticias de profesores maltratados por los propios padres de estudiantes de colegio? ¿Cómo no va a ser igual para el ámbito universitario?

De forma continua y recurrente se nos exige cambiar los sistemas pedagógicos a los profesores. Somos nosotros los culpables de la incapacidad de atención que sufre el alumnado. Desde rectorías y ministerios se proponen cambios para suplir el fracaso escolar. Negando a pies juntitas que en todo este desastre educativo en el que vivimos, tengan una sola responsabilidad los estudiantes.

Esta clara deriva hacia el proteccionismo estudiantil no es más que otro de los tentáculos de la infantilización de la sociedad en la que estamos inmersos. Nos quieren peleles, nos quieren dormidos, nos quieren pegados al teléfono, sin hacer ruido, sin rechistar. A lo sumo, quejas por internet que no interfieran con la vida real, o ¿acaso pensáis que en twitter está la verdadera vida?

La universidad no es un circo, ni los profesores payasos. Todos hemos tenido clases aburridas, pero no por eso teníamos excusas para no estudiar. Ahora sí.

En la actualidad, se premia más el ser divertido en clase que el conocimiento en sí (y lo digo que me ha tocado usar el humor para atraer la atención y sacarles del ensimismamiento en el que andan). Debemos reinventarnos, crear formas nuevas de enseñar. Y, ¿alguien se ha parado a pensar que hay cosas que se saben o que no se saben? ¿Cuántas formas hay de recordar las fases de la mitosis, la estructura de un triglicérido o el cálculo moléculas de un compuesto a partir de su peso y formula? Se espera que inventemos el fuego en cada clase, sin pensar que hay materias que sólo y exclusivamente necesitan trabajo personal por parte de estudiante, tras una explicación clara del profesor. Basta ya de reinventar el circulo, quien entiende la explicación, ya sólo tiene que recordarla. Pero eso es ahora un sacrilegio. Es memoria. Eso no sirve.

No hay otra forma de poder aplicar el conocimiento que teniéndolo, quedo me vengan con gaitas. ¿O acaso a alguien le gustaría que su médico de cabeza le pidiera tiempo para consultar una cosilla de la que no está seguro?

En mi experiencia como docente he cambiado de clases técnicas y explicativas a sistemas de PBL, de clases invertidas, cursos llenos de talleres para que se involucren y aprendan por su cuenta, que no haya excusa para que sólo sea memoria. Pero los resultados no avalan todo este desgaste. Ninguno de los estudiantes que he tenido en estos años seria capaz de pasar algunos de los exámenes que me tocaron en la carrera. Exámenes de día completo como los de botánica: visu, determinación y teoría. Tres exámenes en un día, uno detrás de otro, horas seguidas exprimiendo el seso. Y ahora, si el final, es final y no parcial se quejan. Y hasta aquí sólo lo que tiene que ver con lo que son los resultados esperados del paso por la universidad.

¿Qué decir entonces del comportamiento en clase? ahí nos salimos de la tabla. El horario no significa nada y una puerta cerrada tampoco. Las redes sociales son las que realmente mandan dentro del aula. Y siempre está la excusa latente de que todo está en internet. La pregunta sería si serán capaces de encontrarlo, o en caso afirmativo, de entenderlo.

El problema de fondo es mucho más grave. La necesaria baja de exigencias es algo que directamente afecta a la calidad del profesional formado. Y eso, ¿quién nos lo quitará de encima?

No exigimos nada y pronto se podrá aprobar la universidad como el bachillerato, suspendiendo unas cuantas. ¡Qué más da, si todo está en internet!